Labores compartidas

La pesca y la agricultura siguen siendo el motor económico de Senegal y en estos dos sectores hombres y mujeres se ocupan de labores complementarias.

LUNA VIVES / PATRICIA GARCÍA
En la pesca, por ejemplo, son los hombres los que se aventuran a salir al mar, normalmente en embarcaciones de madera y utilizando métodos tradicionales que no pueden competir con las flotas extranjeras. Se trata de una pesca de subsistencia que se paga mal pero requiere mucho esfuerzo. Una vez en la costa, son las mujeres las que se encargan de preparar el pescado para la venta: son ellas las que lo limpian, lo ahúman o lo trituran y lo venden en los puestos de los mercados locales. Los camiones y las cámaras frigoríficas son extremadamente raros en la producción local (normalmente sólo las empresas extranjeras se pueden permitir esos lujos), lo que significa que el pescado que no se ahúma en seguida se echa a perder.

En el campo también se da una división del trabajo según el género. Un 40% del territorio nacional se dedica a la producción del cacahuete, el principal producto agrícola del país. Pero, igualmente, es un sector poco modernizado, que depende de sutiles variaciones en las condiciones climáticas y que produce poco. La producción se centra en cosechas destinadas a la alimentación de la población autóctona (mijo, arroz, maíz y sorgo) o a la venta doméstica e internacional (cacahuetes, caña de azúcar, algodón y goma arábiga).

Sin embargo, las condiciones climáticas adversas junto con la violenta variación de los precios en el mercado internacional coloca a la economía senegalesa en una situación vulnerable. De hecho, y a diferencia de lo que sucedía hasta los años 70, la supervivencia de la población local depende hoy en día de la ayuda internacional, de los envíos de dinero de los y las emigrantes y de las importaciones: la producción local sólo provee el 30% de las necesidades alimenticias de la población, el resto se importa. Por ejemplo, el 75% del arroz que se consume en Senegal proviene de Asia.

Los proyectos de cooperación internacional al desarrollo que se llevan a cabo en el país, entre ellos los de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo), parecen olvidar demasiado a menudo que tanto la pesca como la agricultura dependen, de una manera fundamental, de la labor compartida entre hombres y mujeres. En el caso de la agricultura, por ejemplo, se considera siempre al varón como cabeza de familia: a él se dedican las ayudas, a él se orientan los programas de intervención y en torno a su figura de diseñan las técnicas de mejora. Esto contribuye a relegar a las mujeres senegalesas de las zonas rurales (donde las posibilidades de mejora de los métodos productivos son mayores) a un segundo plano, ignorando su papel en la vida productiva del país y fomentando una jerarquía social sexista.

Las imágenes, parte de la exposición Mujeres y Fronteras, muestran la labor de las mujeres en los dos sectores claves de la economía senegalesa.

Javier Acebal

About the author: Javier Acebal

I'm a photographer based in Dakar (West Africa). I love to document cultures and people! (but also working for tourism industry).

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