Un país conectado

En la organización que ayuda a buscar trabajo a Ndei, así como al resto de inmigrantes independientemente de su origen, le han dicho que adecúe su currículum al de una trabajadora doméstica, que es el único trabajo al que podrá optar si tiene suerte.

LUNA VIVES / PATRICIA GARCÍA

Porque incluso en ese sector a las mujeres negras y musulmanas se les ponen pegas. «En los hogares españoles – dice Ndei – prefieren a las latinoamericanas». La persona que lleva la bolsa de trabajo en la organización a la que ella acude desde hace años dice lo mismo: «lo mejor es que parezcan mujeres con pocos estudios, pocos recursos y dóciles: alguien que no traerá problemas». Ndei añade que esto no es todo: “como busques trabajo de interna y se te ocurra decir que no comes jamón, te miran con cara rara y no te vuelven a llamar”.

De modo que Ndei dejó fuera del currículum sus estudios universitarios y su experiencia profesional como secretaria de un ministro en Senegal. Dejó fuera los varios idiomas que habla y sus conocimientos de contable, y escribió: “Graduado escolar. Con formación en cuidados de mayores en la Cruz Roja.”

Quizás esto haya contribuido a que en España se piense en los y las inmigrantes senegalesas como personas que vienen de un contexto casi pre-moderno, donde “la gente vive en la jungla y vamos por los senderos con taparrabos”, donde no hay coches, ni teléfonos, ni carreteras, ni mucho menos ordenadores.

NADA MÁS LEJOS DE LA REALIDAD

La infraestructura de telecomunicaciones senegalesa es de las mejores en el África subsahariana. La lleva la empresa nacional Sonatel, privatizada en 1997, y que hoy participa junto con France Telecom y Orange en la digitalización de los servicios de telecomunicaciones en el país.

Una tercera parte de los senegaleses tiene teléfono móvil, sobre todo en las ciudades, donde es raro ver a alguien que no lo lleve encima. El sector ha explotado en los últimos años, y hoy se lo disputan compañías extranjeras como Orange (francesa, con dos tercios del mercado de telefonía móvil), Tigo/Sentel (con sede principal en Luxemburgo y ganándole terreno rápidamente a Orange) y Sudatel (sudanesa).

Aunque sólo el 1% de la población usa internet, el número de abonados con ADSL crece rápidamente y la población joven de las zonas urbanas utiliza el ordenador de forma cotidiana. La mayor parte de las veces, estos jóvenes utilizan los servicios de un ciber-café para acceder a Skype, chatear, escuchar música y utilizar redes sociales online. Muchos de estos contactos tienen que ver con el deseo de emigrar de la juventud senegalesa o con la necesidad de seguir en contacto con los amigos y familiares que viven fuera del país.

Para los que están fuera, en cambio, internet es una manera de seguir la actualidad del país a través de los medios de comunicación digitales y de participar activamente en la vida política de Senegal.

Durante la exposición de Mujeres y Fronteras mostramos la imagen que ilustra este artículo a casi 200 niños españoles menores de 14 años. Ante la pregunta: “¿dónde hicimos esta foto, en Senegal o en España?”, todos respondieron que en España porque esta mujer estaba delante de un ordenador. Sin embargo Mame Keita nunca ha salido de Senegal. En la imagen se encuentra en la oficina de la ONG Enfance et Paix, en Kolda, donde trabaja como secretaria.

Javier Acebal

About the author: Javier Acebal

I'm a photographer based in Dakar (West Africa). I love to document cultures and people! (but also working for tourism industry).

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